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En hebreo la palabra Shalom comúnmente se asume como paz; sin embargo estas cuatro letras encierran algo más que la simple paz occidental, la pax latina… Shin, Lamed, Vav y Men sofit son las cuatro letras que conforman el concepto Armonía/Equilibrio; cuando se lee esta palabra con masoretas se advierte que no en balde apunta a la armonía, pues debajo de la Shin hay una “A” y sobre la Vav hay una “O”… Se cumple el principio de arriba-abajo, sobre el cuatro que es el número de lo perfecto, de lo armónico.
Ahora bien, lo perfecto y lo armónico requieren de esfuerzo; ya que nuestros deseos/actitudes siempre tienden a desbocarse hacia un lado de la balanza; es natural, hemos sido condicionados de esa manera. Aquí es donde entra entonces el concepto libertad, pues la libertad es esa pequeña diferencia que hace de un ser social completamente condicionado, una persona que no se limita a re-exteriorizar en su totalidad el condicionamiento que ha sufrido.
Des-aprender, re-emprender, re-tornar, re-empezar es el trabajo constante del hombre (como raza), procurar hacer el Shalom, procurar el equilibrio/perfección es un trabajo diario, de hora en hora, de pensar y actuar, de regresar y corregir; de contemplar y buscar el modo de reparar.
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Cuán irracionales encontramos algunos convencionalismos, algunos modos y costumbres que etiquetan a la persona nos resultan fuera de lugar; esta en crisis la identidad. Algunos se sienten o creen pertenecer a algo, piensan que son parte de un algo, un algo que a veces les es dificil explicar, o sea, no logran descubrir la raíz de su identidad.
Somos sin duda algo, pero no parte de. Nos hemos llamado Raza Humana, sin embargo decimos que hay muchas razas, y digo yo: el africano, como el asiático, el árabe como el europeo, el amerindio como el esquimal no estamos constituidos de los msimos elementos que conforman la tierra. Somos biológicamente animales de la tierra, sin más que eso. Todos. (más…)
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Muchas veces nos proponemos al comenzar el día una cantidad de objetivos, y al final, tan sólo con la mitad de ellos, quedamos cansados, extenuados, y así nos vamos a dormir, sin recordar qué fue lo que dijimos y prometimos hacer ese día, probablemente nos lanzamos a la cama, damos un “buenas noches” general y hasta el otro día; si somos más familiares, entonces, a lo mejor nos sentamos un rato a conversar de lo que pasó en el día; la mayoría de las veces las anécdotas negativas, otros tienden a preocuparse por el día siguiente aún cuando éste no ha llegado, porque ven acumulados esos objetivos que no fueron logrados; entonces viene la depresión, el agotamiento, el desánimo, la frustración. (más…)
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Hay una razón para la vida, una misión que todo ser humano tiene que lograr y por la cual tiene motivo la existencia. Quienes dicen que el libre albedrio existe para hacer como el dicho: “De nuestras vidas un saco y meternos en él” puede que no estén entendiendo bien la razón de la razón, o sencillamente son presos de esas voces inconscientes que algunos llaman “Crítica de la razón pura” y que no da sino origen al nihilismo o creencia en que nada es real; lo cual visto sólo desde ese punto de vista causa males a la Voluntad que el Eterno tiene para con cada ser viviente en Este Mundo. (más…)
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Roberto Hernández Montoya escribió esto para la revista Imagen del Consejo Nacional de la Cultura, en la edición Septiembre-Noviembre de 1998.
Forma parte de la cultura venezolana la convicción paradójica de que ella misma no existe. Según esa tesis miserabilista no solo no hay cultura ilustrada, sino que no la hay ni popular ni de ninguna otra naturaleza porque tampoco hay identidad nacional, ni país mismo siquiera. En realidad no sé cómo estoy escribiendo esto y tú leyéndolo porque, a menos que seas de otra parte, ni tú ni yo existimos.
Hay otra versión de este apocalipsis perpetuo. Circula en un chiste que nos permite reír de esta apoplejía existencial:
- Mueren dos malvados, uno alemán, el otro venezolano. Al primero le toca la sección germana del infierno. Al otro la venezolana. Se encuentran luego de varios siglos. El tudesco refiere las pailas, el plomo fundido, las pestilencias.
- —Lo peor es el fuego constante. ¿Y tú? —añade el teutón.
- —Me va muy bien —cuenta el criollo—. Casi nunca hay gas y cuando lo hay alguien se roba los lanzallamas. Cuando hay gas y lanzallamas entonces no viene el diablo encargado. Por fin cuando todo funciona, le pasas una plata al diablo por debajo de la mesa y listo. Así llevamos varios siglos y no me han echado ni la primera chamuscada. (más…)
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Cierto día, un anciano de la tribu, le entregó al más joven un sobre, sellado por los cuatro lados, de manera que no había forma de liberar lo que dentro había; el anciano además le dijo: no habras este sobre que te entrego sino hasta que hayas escalado hasta el cima de aquel Tepuy y veas la Orquidea que nadie ha visto. El joven partió en su cayuco recorriendo el río hasta llegar a una isla casi al anochecer del primer día, amarró su hamaca a dos palos de Moriche y se tendió sobre ella colocando el sobre a la vista; repasó todo lo que había escuchado del viejo de la tribu y vió nuevamente el sobre, iluminado por la luz fría de la luna llena, atrayendole sobremanera, pidiendo a ruegos que le destapara, y el joven, luchando contra su instinto, vacilando, intentando levantarse, cerrando de momento en momento los ojos, se quedó dormido, y hubo pasado la noche sin abrir el sobre, pero el Tepuy le era lejano y a lo mejor no llegaría sino hasta después de otra noche en la Selva. Despuntó el alba y metió el sobre en el mapire que llevaba, colocó su vitualla en la canoa y siguió su viaje por el río.
Mientras hacía el viaje, comiendo una arepa, vió como en el horizonte, detrás de las matas salía el sol, (más…)