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Caracas es mar, pues su norte franco es el corazón de nuestro continente, Caracas es montaña, ya que el norte es separado de la urbe por la imponente sierra del Ávila, Caracas es valle. A los pies del Ávila, a las orillas de un río inmisericordemente castigado por el desarrollo esta la urbe, entre filas y hoyas al sur esta la mole de concreto, que domina el subsuelo, con un subterráneo, túneles, cloacas y sótanos, el suelo con inmensas avenidas y autopistas que incluso se elevan sobre altos pilares, cuyos distribuidores acaparan cientos de vías para hacer ir y venir a las personas, para lograr que la gente cambie de rumbo tan rápidamente como sea posible, y las alturas con edificios que se yerguen por encima de los cincuenta pisos; esta urbe cuyo color predominante es el ladrillo y el verde; las calles y avenidas pobladas en sus aceras e islas de árboles que ofrecen su sombra al peatón; con parques a los largo de la ciudad que incuban cientos de aves que revolotean por las cercanías cuando la mañana se despierta; esta ciudad que ve levantarse a millones de personas y hacer cultura de ciudad; que agrupa cientos de gremios, de nacionalidades, que ofrecen artes, ciencia, historia, tecnología, comercio, industrias, agricultura, turismo, entre tantos; esta metrópoli que termina a un paso de conquistar los llanos centrales, que guarda en su corazón un patrimonio arquitectónico de la UNESCO, la Ciudad Universitaria; que contempla todos los días en la cima del cerro Ávila, el hotel más alto del país, a 2257 metros sobre el nivel del mar y desde su primer piso y hasta el treinta se puede ver a un lado el mar y al otro la imponente urbe; esta ciudad que se expande de este a oeste y hacia el sur, esta sufriendo.
Sufre porque la hemos abandonado, porque en ella no hay control, porque sus estructuras colapsan día con día, sufre por nuestra negligencia, sufre por nuestra indiferencia, esta ciudad se nos esta cayendo a pedazos, sus arterias ya no son lo que al principio eran, la estamos asesinando, los ciudadanos no la estamos
Valorando, ¿cómo es posible que el hombre pueda hacer tanto mal si tiene la capacidad de hacer grandes cosas buenas?, ¿cómo es posible que veamos cuán deteriorado está nuestro entorno, y no hagamos nada para remediarlo?, cada vez que salgo y camino por las pocas localidades dónde la desidia y la anarquía no han hecho estragos aún, mi corazón experimenta varias emociones, por un lado siento que aún hay esperanza, pero por el otro temo perder mi ciudad, temo que el cáncer de la ineptitud la corroa desde su corazón y la metástasis de la indiferencia la vaya destruyendo poco a poco extendiéndose por la ampliada polis.
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